Nuria Vázquez (BARCELONA)
Región de Nabus, Palestina. Un hombre palestino se dirige hacia el pueblo vecino para visitar a su hermana, viuda desde hace sólo 24 horas. Al llegar a la frontera, un soldado israelí le impide el paso. Observa con detenimiento su documento de identidad y empiezan las preguntas: ¿A dónde se dirige? ¿Por qué? ¿Cuánto tiempo se quedará allí? ¿A que hora volverá? Todas ellas formuladas con un tono desconfiado y chulesco que provoca cierto temor en el palestino. Un hombre de unos sesenta años dándole explicaciones a un joven de apenas veinte. Unos ojos asustados que se humillan ante una mirada de superioridad, respaldada simple y llanamente por su país de origen: Israel.
Son las fronteras de Palestina, donde cada día pasan por allí centenares de sus habitantes. En las que se han visto obligados a pasar alguna noche por el simple capricho de los soldados que las custodian. “Nadie sabe lo que pasamos aquí”, dice uno de ellos mientras aguarda su turno para poder cruzar la frontera. Precisamente para que se sepa, un equipo de periodistas se dirigió hacia la zona y realizó un documental: Checkpoint. Un conjunto de imágenes escalofriantes donde la realidad parece superar la ficción. Diferentes historias personales que buscan un mismo objetivo: cruzar los confines prohibidos. Entrar al pueblo vecino sin necesidad de dar explicaciones a los soldados que la custodian. Son hombres palestinos que se ven obligados a agachar la cabeza, humillados. Vidas humanas que cada día se preguntan qué es exactamente la libertad.
Al otro lado de la frontera, un grupo de soldados son conocedores de su poder, sin saber bien por qué lo tienen. Jóvenes veinteañeros que se definen como “la policía fronteriza, los números uno”. Que pierden el respeto –el que quizá nunca tuvieron- por todo aquel que intente cruzar al otro lado. Los consideran inferiores. “Ellos son animales, nosotros humanos”, aseguran.
Situaciones escalofriantes que podrían ser el argumento de un filme dramático, incluso de terror. Lo dramático, en realidad, es que no es otra cosa que la vida real.
No hay comentarios:
Publicar un comentario