sábado, 2 de octubre de 2010

Cátedra policial con nombre y apellidos

Veintidós años en el Cuerpo Nacional de Policía y diez más en el ámbito de las Artes Marciales. Tras semejante trayectoria, el subinspector José Luis Montes acaba de recibir el premio al Instructor Policial Internacional del Año.

Nuria Vázquez (BARCELONA)
Se crió entre tatamis, y su postura lo refleja. Cabeza gacha, puños cerrados, cuerpo tenso y barbilla próxima al pecho para proteger su rostro. Es la pose de un hombre que siempre está alerta. Alguien que ha dedicado toda su vida a defenderse y a enseñar a los demás a hacerlo. Desde su juventud, José Luis Montes imparte clases de Defensa Personal Oriental, Policial, Femenina y Tailandesa. Su experiencia y dedicación le hicieron adquirir cierto compromiso con la sociedad: “Observé que había profesores no titulados, con pocos conocimientos y sin experiencia, con unos métodos en mi opinión poco prácticos para resolver situaciones de agresión en la calle”. Y fue así como decidió fundar su propia organización (Asociación de Defensa Personal Oriental y Culturas Orientales). Fundó, incluso, su propio método: la Defensa Personal Oriental, inspirado en las artes marciales de algunos países de Oriente. “Son modernos sistemas de combate y de Defensa Personal Policial, lo que lo hace uno de los métodos de combate más completos, porque escoge las mejores técnicas de cada arte marcial y lo actualiza a la realidad de nuestro siglo”.

Su extenso currículum en el Cuerpo Nacional de Policía lo ha impulsado al podium más alto, donde acaba de recibir el premio al Instructor Policial Internacional del Año 2010. Un galardón que responde a 22 años trabajando para el cuerpo. Una larga trayectoria en la que perteneció al grupo especial GOES (Grupo Operativo Especial de Seguridad). Fue destinado a servicios internacionales en Mauritania –durante la Guerra del Golfo-, Argelia y Haití, donde participó en dos misiones de las Naciones Unidas para la estabilización del país. Custodió las calles de la ciudad desde los edificios más altos de Barcelona en ocasiones señaladas. Una de ellas, la boda de la Infanta Cristina, donde hizo de francotirador desde un edificio de la bulliciosa Vía Layetana.

Mujeres, policías y funcionarios de prisiones son algunos de los perfiles que forman su alumnado. Las exigencias de una sociedad violenta llevaron a Montes a recoger testimonios y formas de actuar de los agresores. A estudiar al enemigo para enseñar a la víctima a defenderse. “El perfil de mujer más agredida sexualmente es el de una chica rubia y con coleta”. Un objetivo vistoso y fácil de agarrar con una sola mano para inmovilizarla. Datos como ese hacen de sus cursos una forma práctica de garantizar una mayor seguridad en las mujeres. Aún así, no ha notado un aumento de alumnas inscritas. En su opinión, “la mujer no es realmente consciente del peligro que puede tener en el caso de una tentativa de agresión. Se apuntan sólo aquellas que han tenido algún pequeño susto y se sienten inseguras”.

José Luis Montes carga en sus espaldas una amplia y contundente trayectoria. Sin embargo, su próximo objetivo queda lejos de la frenética actividad que ha protagonizado su vida. “He visitado ya 45 países, y al cumplir los 60 pretendo haber llegado a los 100. Es una de mis metas”. Un perro viejo de la Policía Nacional que busca, ahora, olfatear un olor para él desconocido: el de la tranquilidad.

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