Agentes de la Guardia Urbana de paisano multan con 180 euros a los incívicos que orinan en la calle
Nuria Vázquez (BARCELONA).
“Somos policías. Cuando acabe de orinar, enséñeme su documentación”. Los que anoche decidieron no utilizar los baños portátiles del barrio de Gràcia se arriesgaban a escuchar esta frase detrás suyo y encontrarse, al terminar, a cuatro agentes de paisano con una placa escondida bajo la camiseta. El rápido desahogo que puede significar evitar la cola de uno de estos lavabos puede convertirse, de repente, en un apuro por el que pagar caro: exactamente 180 euros. Denuncias por actos incívicos como éste o por la venta ambulante son las que protagonizaron la primera jornada con actividades nocturnas de las fiestas de Gràcia, aunque el Ayuntamiento no quiso facilitar cifras exactas.
Agentes de la UNOC (Unidad Nocturna Operativa Centralizada) de la Guardia Urbana vigilan las calles del distrito barcelonés cada noche para combatir, sobre todo, estas dos prácticas ilegales. Caminan entre la gente dispersados pero atentos a sus compañeros, adentrándose en la multitud como si ellos también se dispusieran a pasar una noche de fiesta. Aparentemente no se aprecia que todos ellos llevan encima lo estrictamente necesario para trabajar: placa, esposas, pistola, porra... deben idear nuevas fórmulas, como llevar las esposas de plástico para que no pesen tanto, para conseguir pasar desapercibidos. Y lo consiguen. Cuando sólo llevan diez minutos patrullando, aparece el primer latero, de nacionalidad extranjera, y se cruza con ellos sin sospechar que se acaba de convertir en el objetivo de aquellos hombres. Recita la ya tradicional frase que invita a comprar cerveza fría, hasta que se ve rodeado por los agentes, que le piden la documentación. No muestra resistencia, sólo deja las latas en el suelo mientras probablemente maldice interiormente el momento en el que giró por esa esquina y no por la siguiente. No tiene la documentación en regla, por lo que, además de pagar multa de 250 euros por vender latas de manera ilegal, deberá esperar a que aparezca el furgón de la Guardia Urbana y le traslade a las dependencias de la Policía Nacional.
Mientras tanto, varias personas, ajenas a la situación, se acercan a él preguntando el precio de la lata. “¿Usted sabe lo que está consumiendo?”, advierte uno de los policías a un joven que se disponía a comprar. El intendente mayor de la Guardia Urbana, Jesús Hernando, explica que “se trata de una cuestión de higiene”, ya que los vendedores ambulantes esconden la mercancía –en ocasiones también llevan comida- en alcantarillas y papeleras hasta que se aseguran de que no hay control policial alrededor. Además, si no venden todas las latas en una noche, las ponen en el congelador unas horas para venderlas al día siguiente y que se mantengan frías el máximo tiempo posible, explica un policía.
Los propios agentes de la UNOC reconocen que llevan a cabo pocas actuaciones para perseguir a los compradores de la venta ambulante, y afirman que quizá sería otra solución para combatirla. Muchos ciudadanos, además, desconocen que comprar este tipo de productos conlleva una multa de 180 euros. Hasta el día 21 de agosto, continuarán con un trabajo que ellos mismos definen “como los perros que buscan trufas”.
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